M

       ás famosa que El Liceu, La Boqueria es uno de los sitios más populares que Barcelona puede ofrecer al ojo humano. No nos dejemos engañar: la gente viene a Barcelona a patearse el Museu Picasso, a mirar hacia arriba para admirar las obras de Gaudí o, simplemente, para una noche de disipación en el Kentucky. Pero tarde o temprano - y sin saber como-, todo el mundo acaba en La Boqueria, exceptuando aquellos visitantes que viven para comer, que no dudarán en picar a las puertas de La Boqueria nada más llegar a Barcelona.

   

L

       a Boqueria pulsa justo al lado exterior de las antiguas murallas, lugar hoy más conocido bajo el nombre de Las Ramblas – o Les Rambles- de Barcelona. Desde tiempos inmemoriales, los campesinos –o pagesos- se encontraban en este lugar para vender sus productos a los comerciantes –o botiguers- de la ciudad. Su nombre viene de un portal de acceso a la fortificación medieval, que el rey Berenguer IV se llevó como botín de guerra cuando conquistó la ciudad mora de Almería. Su diseño arabesco era de tan deslumbrante belleza, que ante su presencia a la gente se le caía involuntariamente el mentón – de ahí el nombre de “boquería”.

   

E

       ste portal ya no existe. Sin embargo, sus efectos siguen en vigor. Junto con el Museo del Louvre y la Galleria delle Uffizi, La Boqueria es uno de estos lugares que exige como mínimo un par de días para ser conquistado, aunque sea con los pocos sentidos que nos quedan. Con una diferencia fundamental: el arte presentado cambia con las cuatro estaciones. Estas fotografías fueron tomadas en mayo. Vuelve en otoño para ver las paradas llenas de sabrosones hongos salvajes, higos y tomates tan vírgenes, que se ponen colorados cuando los miras. Naturalmente, siempre encontrarás tomates en La Boqueria, aunque sean de invernadero.

   

G

       racias al moderno “agro-business” –o agro-negoci -, siempre hallarás lo que tu corazón (o estómago) te pida. Bueno, casi todo. Excepto el ruibarbo (unos gordos palos de unas enormes hojas, que sólo le interesan a los nórdicos, tanto europeos como peninsulares).

   

H

       m, esas cebollas son apetitosas...
Pero antes de caer en la tentación, es mejor sentarse un rato en uno de los múltiples bares de La Boqueria para planear una estrategia personal para aprovechar el día.

   
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